Gestión emocional del síntoma y la enfermedad

La salud y la enfermedad son parte integrante de la vida, del proceso biológico y de las interacciones medio ambientales y sociales. Generalmente se entiende la enfermedad como la pérdida de la salud y hoy en día las “enfermedades” no solo son, como se asume generalmente, “el resultado de un mal funcionamiento o desequilibrio del organismo”, sino que, esta afectación se produce a nivel de la psique, a nivel cerebral, y a nivel de órgano de forma simultánea.

¿Qué quiere decir esto?

La persona vive un acontecimiento, una situación en su vida que le genera un impacto, schock o conflicto, esto suele vivirlo de forma grave, aguda y dramática, lo vive en soledad, aislamiento y es un impacto totalmente inesperado. Todo esto sucede en una fracción de segundo, siendo percibido como grave.

La persona se siente aislada, separada del mundo, vive el momento con un sentimiento de soledad: en esta fracción de segundo la persona se siente sola ante su conflicto.

Es inesperado, esto quiere decir que no tiene el tiempo para ser mediado por la mente, “no es algo que veo venir y para lo cual tengo el tiempo de prepararme, es algo que me sucede inesperadamente”.

Este conflicto se determina en el momento preciso en que ocurre el impacto, asociándolo nuestro subconsciente en fracciones de segundo, a un tema de conflicto biológico muy particular, por ejemplo; “ la pérdida de territorio”; “preocupación en el nido”; “abandono por parte del grupo”; “separación de una pareja”; “la pérdida de un hijo”, etc.

Dependiendo de la naturaleza del conflicto aparece una sintomatología física específica como resultado del impacto.

En suma, la enfermedad es un estado que indica que el individuo, en su conciencia, ha dejado de estar en orden o armonía. Esta pérdida del equilibrio interno se manifieste en el cuerpo en forma de síntoma. El síntoma es, pues, señal y portador de información, ya que con su aparición interrumpe el ritmo de nuestra vida y nos obliga a estar pendientes de él. El síntoma nos informa de que algo falla, de que algo falta. Por lo tanto LA ENFERMEDAD NO ES NUESTRA ENEMIGA cuya destrucción debe ser su mayor objetivo, sino que más allá de esto, podemos descubrir en ella a una aliada que nos ayuda a comprender como estamos viviendo dicho conflicto.

La enfermedad no tiene más que un fin: HACERNOS SANOS.

Si nos limitamos a tomar un medicamento, aunque, por supuesto, no estamos diciendo que no haya que tomarlo, el conflicto seguirá estando latente, activándose, la próxima vez, a través de otro tipo de síntoma o enfermedad. La curación se produce exclusivamente cuando miras en tu interior incorporando lo que falta, o soltando lo que sobra.

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